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La IA puede orientarte, pero no puede apostar por ti

  • Foto del escritor: Adriana Páez Pino
    Adriana Páez Pino
  • 8 jun
  • 6 min de lectura
By Adriana Páez Pino                                                                                                                                                        La inteligencia artificial puede ayudarte a pensar, practicar y organizar tus ideas. Pero hay algo que todavía pertenece al territorio humano: la capacidad de creer en una persona, abrirle oportunidades y acompañar su crecimiento. Una reflexión sobre IA, mentoría y desarrollo profesional.
By Adriana Páez Pino La inteligencia artificial puede ayudarte a pensar, practicar y organizar tus ideas. Pero hay algo que todavía pertenece al territorio humano: la capacidad de creer en una persona, abrirle oportunidades y acompañar su crecimiento. Una reflexión sobre IA, mentoría y desarrollo profesional.

Durante años, buscar orientación profesional implicaba acudir a alguien. Un jefe de confianza, una colega con experiencia, una mentora, un profesor o incluso una conversación incómoda que ayudaba a mirar con más claridad una decisión importante.


Hoy algo está cambiando. Cada vez más personas están usando herramientas de inteligencia artificial para pedir consejos sobre su carrera, practicar situaciones difíciles, preparar reuniones, organizar decisiones laborales o pensar cómo crecer profesionalmente. Lo que antes ocurría en el intercambio con otra persona empieza a trasladarse, poco a poco, a una interacción con una máquina.


Y aunque el fenómeno puede parecer anecdótico, en realidad dice mucho sobre el momento laboral que estamos viviendo.


En Descubriendo la IA en el trabajo me interesó detenerme precisamente en esa transformación. No tanto para discutir si la IA puede responder bien o mal, sino para entender qué estamos buscando en ella y qué empieza a pasar cuando parte de la orientación profesional que antes buscábamos en otras personas empieza a delegarse en un sistema artificial.


Porque la IA puede orientarnos, ayudarnos a practicar y ordenar nuestras ideas. Pero hay algo que todavía pertenece al territorio humano: la capacidad de acompañar, abrir puertas y apostar por otra persona.


La IA como espacio de práctica profesional

Una de las razones por las que este uso de la inteligencia artificial está creciendo es su disponibilidad inmediata.


No hay que pedir una cita, esperar una respuesta, buscar el momento adecuado ni sentir que se está interrumpiendo a alguien. La herramienta permite ensayar una idea, reformular una respuesta o practicar una situación tantas veces como sea necesario.


Eso tiene un valor práctico evidente. En ese sentido, la IA puede funcionar como un espacio de práctica privada. Permite equivocarse sin exponerse, repetir sin incomodar, preguntar sin vergüenza y llegar mejor preparado a un intercambio real.


Pero quizá hay otra capa menos visible en todo esto. La IA no solo está cambiando la forma en que buscamos orientación profesional. También está modificando nuestra relación con el tiempo. Nos acostumbramos a respuestas inmediatas, sugerencias instantáneas y validaciones rápidas. Y aunque eso puede acelerar muchas tareas, también puede hacernos olvidar que algunas cosas importantes en la vida profesional todavía necesitan tiempo, experiencia y vínculos humanos para construirse.


Antes muchas respuestas llegaban después de esperar una reunión, observar cómo actuaban otras personas, equivocarse, recibir retroalimentación o atravesar caminos más largos. Y aunque esas rutas podían ser más lentas, también desarrollaban habilidades que hoy no deberíamos perder, como la paciencia, la lectura del contexto, la tolerancia a la incomodidad, la capacidad de preguntar, la humildad para aprender y el criterio para decidir cuándo actuar.


La IA puede acelerar una respuesta, pero no necesariamente reemplaza el aprendizaje que ocurre mientras una persona espera, observa, conversa y se equivoca.


La rapidez de la IA no debería hacernos perder las habilidades que se forman en los procesos lentos.

Lo que revela este uso de la IA

El crecimiento de la IA como apoyo profesional no habla solo de la capacidad de estas herramientas. También habla de una necesidad que muchas veces permanece oculta en el trabajo, la falta de espacios seguros para pensar en voz alta.


Muchas personas no preguntan porque no quieren parecer inexpertas, interrumpir a alguien, mostrar dudas o quedar expuestas frente a un jefe, un cliente o un equipo. Otras simplemente no tienen cerca una mentora, un colega con experiencia o una red disponible para acompañar sus decisiones.


Por eso la IA aparece como una respuesta práctica ante un vacío real.


No reemplaza necesariamente a una persona, pero sí ocupa un lugar que, en muchos entornos laborales, no estaba siendo suficientemente atendido. Ese lugar donde se busca orientación accesible, inmediata y sin juicio.


Sin embargo, ahí también aparece un riesgo. Muchas veces estas herramientas responden desde la información que nosotros mismos les entregamos. Es decir, desde nuestra versión de los hechos, nuestras emociones, nuestros sesgos y la manera en que interpretamos una situación.


Y ese punto no es menor. Porque una mentoría real no solo confirma lo que queremos escuchar. También confronta, cuestiona y aporta perspectivas que no siempre vemos por nuestra cuenta. Alguien con experiencia puede entender contextos más amplios, como dinámicas de poder, relaciones, trayectorias, silencios, intereses y elementos que no siempre caben en un prompt.


Cuando el acompañamiento profesional se construye únicamente desde una interacción diseñada alrededor de nuestra propia mirada, existe el riesgo de recibir respuestas cada vez más alineadas con lo que pensamos, sentimos o queremos validar.


Y una carrera profesional no se construye solo desde la confirmación. También se construye desde la capacidad de escuchar perspectivas incómodas, ampliar la mirada y entender el contexto completo en el que una persona se desarrolla.


Cuando el trabajo también se volvió más solitario

Parte de este fenómeno también tiene relación con la manera en que cambió el trabajo.


Durante años, muchas mentorías surgían de forma natural en la convivencia cotidiana.

Una conversación después de una reunión, un café compartido, observar cómo alguien manejaba un conflicto o simplemente tener cerca a personas con más experiencia hacía que el aprendizaje profesional ocurriera de manera casi orgánica.


Hoy buena parte de esa realidad es distinta. El trabajo remoto, la velocidad de las agendas, la presión por la productividad y las interacciones cada vez más digitales han reducido muchos de esos espacios informales donde antes se construían vínculos profesionales más cercanos.


Y eso tiene consecuencias. Pedir consejo, buscar orientación o acercarse a alguien con experiencia ya no siempre resulta tan natural. Incluso mentorear requiere tiempo, energía y una disposición que muchas personas sienten que ya no tienen en medio del ritmo actual.


Quizá por eso la IA empieza a ocupar también ese lugar.


No necesariamente porque pueda reemplazar una relación humana, sino porque está disponible cuando muchas relaciones laborales se han vuelto más distantes, más rápidas y, en algunos casos, más solitarias.


La IA puede preparar la conversación, no sustituirla

Tal vez el punto no sea dejar de usar la IA para pensar asuntos profesionales. Sería poco realista y, además, perderíamos una herramienta que puede ser muy útil cuando se usa con intención.


La IA puede ayudarnos a llegar mejor preparados a una conversación. Puede ordenar ideas, mostrar alternativas, anticipar preguntas, ensayar respuestas y ayudarnos a distinguir entre una emoción del momento y un problema que realmente necesita atención.


En ese sentido, puede funcionar como una primera capa de reflexión. Pero esa primera capa no debería convertirse en el único lugar donde buscamos orientación.


Porque hay conversaciones que necesitan presencia humana. Necesitan escucha real, contexto, trayectoria, memoria compartida y, muchas veces, una mirada que no esté construida únicamente desde nuestra propia versión de los hechos.


Y aquí también aparece una responsabilidad para quienes lideran equipos o ya tienen más experiencia. Mirar hacia abajo, dedicar tiempo a formar, orientar y acompañar no es una pérdida de productividad. También es una forma de construir mejores personas, mejores decisiones y, con el tiempo, mejores equipos.


La mentoría no debería desaparecer solo porque ahora existe una herramienta capaz de responder rápido. Al contrario, quizá este momento nos recuerda que formar a otros también hace parte del liderazgo.


Usar IA antes de hablar con alguien puede ser valioso. Usarla para evitar cada vez más esas conversaciones puede convertirse en una pérdida silenciosa. Ahí está, para mí, una de las decisiones más importantes que tendremos que aprender a tomar en esta etapa.  


Aprovechar la inteligencia artificial como apoyo para pensar mejor, sin dejar que nos aleje de las relaciones humanas que también forman nuestra vida profesional.


Lo que no deberíamos delegar

La inteligencia artificial puede convertirse en una gran aliada para pensar mejor. Puede ayudarnos a ordenar dudas, ensayar conversaciones, preparar preguntas y mirar una situación con más estructura.


Pero no deberíamos confundir orientación con vínculo.

Una herramienta puede responder.

Una persona puede acompañar.

Una herramienta puede sugerir.

Una persona puede abrir una puerta.

Una herramienta puede ayudarnos a practicar.

Una persona puede observar nuestro proceso, corregirnos con humanidad y confiar en nuestro potencial incluso antes de que lo veamos con claridad.


Por eso, quizá la pregunta no es si la IA puede ser una buena coach profesional. En muchos casos, puede ser útil.


La pregunta de fondo es otra. Qué tipo de relaciones profesionales queremos construir en un tiempo donde cada vez es más fácil resolver dudas sin acudir a nadie.


Porque si la IA nos ayuda a llegar mejor preparados a una conversación humana, habremos ganado.


Pero si la IA nos acostumbra a no necesitar esas conversaciones, tal vez estemos perdiendo algo que no se recupera con una respuesta rápida.


La rapidez de la IA no debería reemplazar la paciencia de formar, acompañar y dejarse acompañar.

¿Estamos usando la IA para prepararnos mejor antes de hablar con otros, o para evitar cada vez más las conversaciones que también nos forman?

 
 
 

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