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¿Estamos entendiendo mal el talento en la era de la inteligencia artificial?

  • Foto del escritor: Adriana Páez Pino
    Adriana Páez Pino
  • 16 mar
  • 6 min de lectura
By Adriana Páez Pino                                                                                                                                                             Una reflexión sobre cómo la inteligencia artificial está cambiando la forma en que entendemos el talento en las organizaciones. Cuando la tecnología produce información y respuestas, el valor del trabajo humano se desplaza hacia la interpretación, el criterio y la capacidad de tomar decisiones responsables.
By Adriana Páez Pino Una reflexión sobre cómo la inteligencia artificial está cambiando la forma en que entendemos el talento en las organizaciones. Cuando la tecnología produce información y respuestas, el valor del trabajo humano se desplaza hacia la interpretación, el criterio y la capacidad de tomar decisiones responsables.

Mientras las empresas hablan de escasez de talento, hay trayectorias profesionales que siguen siendo sistemáticamente ignoradas.


La semana pasada, al escribir sobre el 8 de marzo, recordaba algo que a veces se pierde entre eventos y publicaciones. No es un día para celebrar, es un día para conmemorar. Un momento para revisar qué ha cambiado en el trabajo de las mujeres y qué sigue pendiente. Después de esa reflexión me quedó rondando otra pregunta.


En mi serie Descubriendo la IA en el trabajo suelo observar cómo la inteligencia artificial está transformando tareas, decisiones y dinámicas dentro de las organizaciones. Sin embargo, hay algo que aparece cada vez menos en estas conversaciones sobre el futuro del trabajo.


La forma en que entendemos el talento.

Durante años muchas empresas han intentado prepararse para el futuro apostando por juventud, habilidades digitales y perfiles que crezcan al ritmo de la tecnología. Esa lógica parecía evidente mientras la transformación digital se entendía principalmente como adopción de herramientas.


Pero la llegada de la inteligencia artificial está cambiando algo más profundo. No solo modifica tareas, también transforma la manera en que se produce información, se analizan problemas y se toman decisiones dentro de las organizaciones.

En ese contexto surge una pregunta que merece más atención.


¿Qué significa realmente aportar valor en el trabajo cuando la inteligencia artificial forma parte de los procesos?

Las organizaciones hablan cada vez más de escasez de talento. Pero al mismo tiempo siguen pasando por alto trayectorias profesionales largas que no encajan en los criterios tradicionales de selección. Experiencia acumulada, capacidad de adaptación y lectura del contexto rara vez aparecen en las descripciones del talento del futuro, pero empiezan a ser cada vez más necesarias.


Tal vez el futuro del trabajo no dependa únicamente de quién domina la herramienta más reciente. También puede depender de quién sabe interpretar lo que la tecnología produce y tomar decisiones responsables en un entorno cada vez más mediado por inteligencia artificial.


Experiencia, criterio y habilidades que la IA no reemplaza fácilmente

Cuando se analizan las habilidades que distintos estudios empiezan a destacar para el trabajo en el mundo de la inteligencia artificial aparece algo interesante. Más allá de las competencias técnicas, muchas organizaciones comienzan a valorar con más fuerza capacidades como el pensamiento crítico, la lectura del contexto, el aprendizaje continuo y la gestión de relaciones humanas en entornos complejos.


Durante mucho tiempo estas habilidades no estuvieron en el centro de la conversación sobre innovación tecnológica. Sin embargo, empiezan a adquirir más peso cuando las decisiones se toman en entornos donde la información se produce con ayuda de sistemas inteligentes.


En ese contexto vale la pena observar con más atención ciertas trayectorias profesionales que durante años fueron subestimadas dentro de las organizaciones. Muchas mujeres hemos desarrollado carreras marcadas por reinvenciones, pausas laborales, cambios de rol o responsabilidades familiares combinadas con trabajo profesional.


Durante décadas esas trayectorias fueron interpretadas como discontinuas o menos competitivas.

Vista desde el contexto actual del trabajo, esa experiencia también implica haber desarrollado capacidades hoy especialmente valiosas como adaptarse a cambios, reorganizar prioridades, sostener relaciones profesionales complejas y tomar decisiones en contextos inciertos.


Mientras la inteligencia artificial amplía nuestra capacidad para producir información y analizar datos, el valor del trabajo humano empieza a desplazarse hacia algo distinto, la capacidad de interpretar esa información y decidir qué hacer con ella.


Ahí es donde muchas trayectorias profesionales largas, especialmente en el caso de mujeres, pueden aportar una combinación de experiencia, criterio y habilidades relacionales que las organizaciones todavía no siempre saben reconocer.


Cómo empieza a cambiar el valor de ciertas habilidades en el trabajo

A medida que la inteligencia artificial se incorpora en tareas cotidianas dentro de las organizaciones, también empieza a cambiar la forma en que se entiende el valor de algunas habilidades profesionales. El diferencial estuvo asociado a la capacidad de producir información, analizar datos o ejecutar tareas cognitivas complejas. Hoy muchas de esas funciones pueden realizarse con apoyo de sistemas inteligentes que procesan información con una velocidad difícil de igualar.


Este cambio no reduce la importancia del trabajo humano, pero sí desplaza el lugar desde donde se aporta valor. Cuando parte del análisis y de la generación de información puede apoyarse en tecnología, gana peso la capacidad de interpretar lo que ocurre, comprender el contexto en el que se toman decisiones y evaluar las implicaciones de lo que se hace.


En ese escenario empiezan a destacar habilidades como cuestionar información, contrastar perspectivas y sostener un criterio propio. Estas capacidades se vuelven más relevantes cuando la información circula con rapidez y no siempre con claridad. Del mismo modo, la adaptación a contextos cambiantes deja de ser una habilidad secundaria y pasa a ocupar un lugar central en el trabajo profesional.


También se hace más visible algo que a menudo se subestima cuando se habla de innovación tecnológica. El trabajo sigue siendo profundamente relacional. Coordinar personas, gestionar desacuerdos, construir confianza y sostener decisiones colectivas requiere habilidades humanas que difícilmente se reducen a procesos automáticos.


En otras palabras, cuando la tecnología amplía la capacidad de producir respuestas, el valor humano se desplaza hacia algo distinto, interpretar esas respuestas y decidir qué hacer con ellas.


Trayectorias que el mundo del trabajo nunca supo leer bien

Cuando se observa con más atención ese desplazamiento en el valor de ciertas habilidades aparece otra reflexión interesante sobre la forma en que muchas trayectorias profesionales han sido evaluadas dentro de las organizaciones.


Durante décadas esas trayectorias fueron interpretadas como discontinuas o menos competitivas dentro del mundo corporativo, se imaginó como un camino relativamente lineal, es decir carrera ascendente, continuidad laboral y especialización progresiva en un mismo campo. Ese modelo funcionó como referencia para evaluar el potencial y la productividad dentro de las empresas.


Sin embargo, muchas trayectorias femeninas han seguido recorridos distintos. Interrupciones laborales, cambios de rol, reinvenciones profesionales o períodos dedicados al cuidado familiar han sido parte de la experiencia de muchas mujeres en el mundo del trabajo. En mucho tiempo esas trayectorias fueron interpretadas como menos estables o menos alineadas con estructuras organizacionales que premiaban la continuidad.


Vista desde el contexto actual del trabajo, esa lectura empieza a mostrar sus límites.

Gestionar cambios, reorganizar prioridades, sostener responsabilidades diversas y reconstruir proyectos profesionales después de pausas implica desarrollar capacidades que hoy resultan especialmente relevantes. Adaptación, lectura del contexto, manejo de relaciones profesionales y toma de decisiones en entornos inciertos son habilidades que no siempre aparecen en los perfiles tradicionales de talento, pero que empiezan a adquirir mayor valor cuando el trabajo se desarrolla en entornos donde la tecnología amplifica la velocidad de la información.


Por eso, al observar cómo evoluciona el trabajo en las organizaciones surge una pregunta incómoda. Tal vez algunas trayectorias que durante años fueron consideradas menos alineadas con la innovación hayan estado desarrollando, sin proponérselo, capacidades que hoy resultan cada vez más necesarias.


Una conversación que apenas empieza

A medida que la inteligencia artificial se integra en más espacios del trabajo, también empieza a quedar en evidencia algo que durante mucho tiempo no supimos leer con suficiente claridad. La tecnología puede ampliar nuestra capacidad para producir información, analizar datos y generar respuestas, pero no sustituye la responsabilidad de interpretar lo que ocurre ni de asumir las consecuencias de las decisiones.


En ese contexto, el verdadero diferencial profesional deja de estar únicamente en el acceso al conocimiento o en la velocidad para procesarlo. Empieza a estar en la capacidad de comprender el contexto, sostener criterio propio y actuar con responsabilidad cuando las respuestas parecen fáciles pero sus implicaciones no lo son.


Tal vez por eso la conversación sobre el futuro del trabajo no debería centrarse únicamente en quién domina la herramienta más reciente. También debería preguntarse qué tipo de experiencia, juicio y capacidad de adaptación necesitamos cuando la tecnología amplía nuestras posibilidades, pero no sustituye la responsabilidad humana de decidir.


En ese escenario, algunas trayectorias que durante años fueron consideradas periféricas podrían terminar ocupando un lugar mucho más central de lo que imaginábamos.

Porque si la inteligencia artificial amplía la capacidad de producir respuestas, el valor del talento humano empieza a medirse cada vez más por la calidad de las decisiones que somos capaces de tomar.


La pregunta que queda abierta es si las organizaciones están preparadas para reconocer ese tipo de talento cuando aparece frente a ellas.


 
 
 

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