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Después del 8M, ¿qué sigue?

  • Foto del escritor: Adriana Páez Pino
    Adriana Páez Pino
  • 9 mar
  • 4 Min. de lectura

By Adriana Páez Pino                                                                                                                                                      Una reflexión sobre el significado del 8 de marzo y la pregunta que queda cuando termina la conmemoración. Cómo sostener durante el resto del año la participación de las mujeres en los espacios donde se está definiendo el futuro del trabajo y la tecnología.
By Adriana Páez Pino Una reflexión sobre el significado del 8 de marzo y la pregunta que queda cuando termina la conmemoración. Cómo sostener durante el resto del año la participación de las mujeres en los espacios donde se está definiendo el futuro del trabajo y la tecnología.

Esta semana cumplí años y, como suele ocurrir cuando uno suma años, inevitablemente aparecen los balances. No solo personales, también profesionales.


Apenas unos días después llegó el 8 de marzo, una fecha que cada año vuelve a poner en el centro la conversación sobre las mujeres. Durante estos días aparecen eventos, paneles, publicaciones y reflexiones en distintos espacios. En muchos casos, incluso, la conversación se extiende durante todo el mes de marzo.


Quienes seguimos estos temas sabemos que el 8 de marzo no se plantea como una celebración, sino como una conmemoración que recuerda luchas históricas de las mujeres por derechos laborales, participación política y condiciones de trabajo más justas.


En mi blog “Descubriendo la IA en el trabajo”, donde cada semana reflexiono sobre tecnología, liderazgo y futuro del trabajo, suelo observar cómo ciertos temas reaparecen con fuerza en momentos específicos del año. Y el 8M es uno de ellos.

Sin embargo, cada vez que pasa esta fecha me queda dando vueltas una pregunta que va más allá de la conmemoración misma.


Después del 8M, ¿qué sigue?

Porque más allá de los eventos, las publicaciones o los mensajes que circulan durante estos días, el verdadero cambio no ocurre en una fecha del calendario. Ocurre en las decisiones, en las conversaciones y en los espacios que se construyen durante el resto del año.


Lo que el 8M realmente conmemora

Cada año, cuando llega el 8 de marzo, aparece una aclaración que ya se ha vuelto casi inevitable: el Día Internacional de la Mujer no se plantea como una celebración, sino como una conmemoración.


La fecha recuerda luchas históricas de las mujeres por derechos laborales, participación política y condiciones de trabajo más justas. Es una forma de mantener viva una memoria colectiva que explica muchos de los avances que hoy damos por sentados.


Con el tiempo, además, la conversación se ha ampliado. Muchas organizaciones ya no hablan solo del 8 de marzo, sino del Mes de la Mujer, con espacios de reflexión, eventos y diferentes iniciativas que buscan visibilizar trayectorias, reconocer avances y abrir debates necesarios.


Todo eso tiene valor.

Las conmemoraciones ayudan a recordar de dónde vienen ciertas luchas y por qué siguen siendo relevantes. Pero también dejan planteada una reflexión que va más allá de la fecha misma.


Porque si el 8M sirve para mirar la historia, la pregunta importante aparece cuando termina el calendario de eventos.


El nuevo escenario donde se define el futuro

Mientras cada marzo se reabre la conversación sobre la participación de las mujeres en distintos ámbitos, hay otra transformación que avanza en paralelo y que tendrá efectos duraderos en el mundo del trabajo.


La tecnología y en particular la inteligencia artificialestá cambiando la manera en que se produce conocimiento, se toman decisiones y evolucionan las profesiones. No se trata únicamente de nuevas herramientas, sino de un cambio más profundo en la forma en que trabajamos, aprendemos y participamos en los procesos que definen el rumbo de las organizaciones.


En ese contexto, la conversación sobre las mujeres adquiere una dimensión distinta.

Durante mucho tiempo el debate se centró en abrir puertas de acceso: acceso a la educación, al empleo y a espacios de liderazgo. Hoy aparece un desafío adicional. La pregunta empieza a desplazarse hacia otro lugar: quién participa en la construcción del nuevo entorno tecnológico.


Entender cómo funcionan estas herramientas, experimentar con ellas y desarrollar criterio para utilizarlas no es un tema secundario. Forma parte de las capacidades que comienzan a definir la participación profesional en esta nueva etapa.


Por eso, cuando pensamos en el futuro del trabajo, la conversación sobre las mujeres también pasa por ahí: por la formación, la curiosidad tecnológica y la participación activa en los espacios donde se están definiendo las reglas del cambio.


Donde ocurre el cambio real

Las conmemoraciones cumplen una función importante: recuerdan una historia y mantienen visible una conversación necesaria. Pero los cambios que realmente transforman la participación profesional de las mujeres no ocurren en un evento ni en un mes del calendario.


Ocurren en decisiones que se toman todos los días.

En cómo se abren espacios de formación y aprendizaje. En quién tiene acceso a nuevas herramientas y conocimientos. En quién participa en proyectos, en conversaciones estratégicas y en los procesos donde se definen nuevas formas de trabajar.

Hoy, cuando la tecnología avanza a gran velocidad, esas decisiones incluyen también algo más: la oportunidad de comprender, explorar y utilizar herramientas que están redefiniendo muchas profesiones.


Participar en ese proceso no es solo una cuestión técnica. También es una forma de ejercer liderazgo y de ampliar las posibilidades de incidencia en los espacios donde se están tomando decisiones sobre el futuro del trabajo.


Por eso, cuando pensamos en la participación de las mujeres en esta nueva etapa, el verdadero cambio no se mide en discursos o campañas, sino en algo mucho más cotidiano: en quién aprende, quién experimenta y quién decide participar activamente en las transformaciones que ya están en marcha.


Después del 8M

El 8 de marzo cumple una función importante: recordar una historia y mantener visible una conversación que ha sido necesaria durante décadas.

Marzo abre espacios de reflexión, encuentros y debates que ayudan a visibilizar trayectorias, desafíos y avances.


Pero el verdadero significado de esa conmemoración aparece cuando termina la fecha y la conversación vuelve a la rutina cotidiana.

Es ahí donde se mide el compromiso real.


En las decisiones que se toman durante el resto del año. En las oportunidades que se crean, en los espacios de participación que se abren y en la forma en que cada generación se prepara para intervenir en los cambios que están redefiniendo el trabajo.

Porque si el 8M sirve para recordar una historia, la pregunta que queda abierta es mucho más simple.


Después del 8M, ¿qué sigue?

Tal vez la respuesta no esté en los eventos ni en las campañas, sino en algo más cotidiano: en cómo aprendemos, en cómo abrimos espacios y en cómo participamos en los cambios tecnológicos que ya están transformando el mundo del trabajo.


¿Cómo crees que podemos sostener esta conversación durante el resto del año, más allá del 8M?



 
 
 

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